En Emalahleni, Sudáfrica, la pobreza, la minería ilegal y la violencia empujan a niñas a matrimonios forzados, y a redes de explotación sexual. En ese entorno peligroso, donde no llega el Estado, las hermanas católicas trabajan discretamente para rescatarlas y acompañarlas, asegurándose de que los abusos no marquen el resto de sus vidas. “Encontramos a las niñas cuando ya están destrozadas”, afirma una religiosa.

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